Calor en la Sombra

“Calor en la sombra” no sólo es un álbum de la banda estadounidense de hard rock KISS, lanzado en 1989, y en donde se incluyen éxitos como “Forever”, “Cadillac Dreams” y “Hide Your Heart” (Esconde tu corazón), y en cuya portada Hot in the Shade (Calor en la Sombra) aparece una pirámide egipcia, que alegre se protege del ardiente sol con lentes negros.

“Calor en la Sombra” es el espacio de periodismo y difusión que ustedes estaban esperando, en el que aparecerán textos principalmente de mi autoría y a veces de amigos invitadoscomo artículos de análisis, frescos ensayos, crónicas, reseñas de libros, notas periodísticas, así como entrevistas, semblanzas o retratos de personajes del arte, la cultura, y por qué no, hasta de la política, entre otros temas de interés.

Así como algunos personajes pintorescos de dominio público y otros de la calle, que deambulan bajo la sombra del anonimato, y que en muchas ocasiones han aportado algo al mundo; aunque el mundo se haya olvidado de ellos.

Será también un espacio de difusión de otros blogs afines de periodistas y escritores amigos, plumas finas y lentes tenaces como el cronista Kristian Antonio Cerino, el periodista Víctor Ulín y el reportero gráfico Jaime Avalos, por mencionar algunos, relacionados a la causa, que viven y trabajan y respiran bajo la lluvia de fuego de Tabasco “Capital mundial del calor y los mosquitos”, donde la temperatura se dispara por encima de los 45 grados, y alcanza a la sombra, los 40. Tierra donde El sol se saca del bolsillo el día.

Ya sea en tu computadora, en tu BlackBerry o en un periódico que los publique, estos textos son ideales para disfrutar en la oficina, en el sofá de tu casa o en una hamaca… Siempre bajo el Calor que nos brinda la Sombra.

Sean ustedes bienvenidos, esta es su casa, pueden entrar en ella cuando ustedes gusten, o como dijera la canción de Eagles, Hotel California: “Puedes visitarlo cada vez que quieras, pero nunca lo podrás dejar…”

Atentamente:

Jaime Ruiz Ortiz

Fotografía de portada: Ricardo Cámara

Diseño de portada: Armando Gómez Romero

viernes, 21 de diciembre de 2012

Recordando a Ciprián Cabrera Jasso


‘Ya vino Santa Clós’




“Tú has escondido la luz en alguna parte”

Vicente Huidobro 



                                                            Fotografía de Francisco Cubas

Por Jaime Ruíz Ortíz

La noche que velaban al poeta Ciprián Cabrera Jasso, habían pocos jóvenes. El reciento se llenó de familiares, amigos, de gente de la pintura y la poesía y de políticos, pero no habían jóvenes que escriben. Alguien preguntaba si acaso Ciprián no tenía mucha relación con ellos. No lo creo así.

Lo invité una vez hace más de diez años a un taller literario para jóvenes “En busca del tiempo perdido”, que conducíamos en ese entonces algunos que empezábamos a hacer nuestros primeros versos[1].

Cada mes teníamos un escritor invitado que ―después de dar lectura a su semblanza y hacerle una breve entrevista― leía sus poemas y se encargaba ese día de conducir el taller. Habían llegado antes los poetas: Teodosio García Ruíz, Francisco Magaña, Miguel Ángel Ruíz Magdónel, Fernando Nieto Cadena, entre otros.

―“Qué voy hacer ahí, si nunca he estado en un taller… y mucho menos conducido uno”, alegaba el poeta cuando lo invité.

Pero ese domingo a la cafetería del Centro Cultural Villahermosa, Ciprián Cabrera Jasso fue el primero en  llegar, entusiasmado como el primer día que iba a la escuela, en compañía de su esposa; traía en la mano un morral lleno de poemarios inéditos.

―“La gente cree que los escritores lo saben todo” ―fue una de sus primeras respuestas.




Pero Ciprián, a fin de cuentas, era un hombre bueno y sencillo, bebía agua simple y le gustaban las galletas Cremas de Nieve sabor vainilla que, cuando se las ofrecimos en un plato, dijo: “Cómo saben que éstas son las que me encantan”. Ese día el taller rompió récord de asistencia: 36 jóvenes llegaron a escuchar, a convivir, a conocer a Pano.



Durante más de una hora, Ciprián Cabrera Jasso leyó sus poemas distribuidos en varios engargolados grises, que, adelantó el poeta, serían publicados en los próximos años en una serie de antologías que estaba preparando la UJAT.

Se rifaron libros suyos, que dedicó gustoso a los premiados. El poeta se marchó satisfecho; su corazón estaba lleno de esperanzas.

Fui a verlo seguido a un negocio llamado El Elotín, que Pano tenía en Paseo Tabasco. Ciprián formaba parte del consejo editorial de la revista Tierra Adentro y me había pedido que le llevara mis poemas para revisarlos. Nos sentábamos afuera, para tener una mejor vista. Tenía siempre en la mesa un libro distinto cada ocasión (poesía, filosofía, novela), con los que el poeta aprovechaba para matar el tiempo. Me llamó especialmente la atención un libro azul. Acerqué un poco la vista para ver el título, pero el escritor frustró mi intento, poniendo unas hojas encima. El tema, a la distancia, parecía “superación personal”. Tres días después me enteré del episodio en que el autor de Nadie detendrá el viaje quiso abandonar su sueño por segunda ocasión. La tercera sería la vencida.



Ciprián tenía un buen oído y un gran sentido del humor. Después de aquellos encuentros, una noche fui a un evento (junto a mi esposa María Inés Armengol y mi hijo Axel Francisco) a la Galería de Arte El Jaguar Despertado. Afuera, antes de entrar, Ciprián Cabrera venía solo caminando como cualquier mortal por los adoquines de la calle Sáenz, con su cabello blanco y su esplendorosa barba larga encanecida, vestido de rojo, pues pertenecía a la orden de los monjes ishayas. Traía una sonrisa como una bandera entre los labios.

―”Ahí viene Santa Clós”, dijo Axel.

Nos envolvió un sentimiento de pena con el amigo Pano, aunque a la distancia supusimos que el poeta no había escuchado nada.

Se acercó a nosotros. Me abrazó y saludó a mi esposa. Ciprián volteó a ver a Axel a los ojos y le dijo: “Jo, jo, jo. Ya vino Santa Clós”.

En su departamento forrado de libros no había televisor. Cuando le informé que le había llamado a su casa para algún asunto, contestó: “El teléfono sí sirve pero está desconectado el cable del sonido”.

Me sorprendió que nunca hubiera visto en su vida un partido de futbol, y que no conociera a jugador alguno: “Sigue hablándome de ese tal Maradona”, me dijo en un café, “y del gol que metió en el mundial el tal Negrete; todo eso me interesa”. Apuntó: “Nunca he visto un partido de futbol”.

En otra ocasión, estábamos en un evento en el Instituto Juárez, y como ya le decíamos Santa Clós, preguntó Inés en voz baja, casi en silencio, sólo a mí: “A Santa Clós no lo veo. ¿No sabes si vino?”.

Una voz nos tomó por sorpresa, soplándonos casi en el cuello: “Síii. Aquí estoooy”, nos dijo engordando la voz. Era Ciprián. Estaba justo atrás de nosotros, escuchándolo todo.



En el taller literario ‘En Busca del Tiempo Perdido’

El pasado 13 de febrero, en el marco de un homenaje estatal por su reciente ingreso como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, el rector de la Universidad Olmeca, Lácides García Detjen, su amigo, leyó una larga y divertida semblanza sobre el homenajeado, destacando sus andanzas literarias así como anécdotas juveniles. Mientras Pano reía cruzado de brazos, pensé que tal vez ya se sentía satisfecho con su obra, con su vida, con el mundo y alegre puede decidir retirarse, como Nervo, en paz.

“En la noche uno se cansa de acostarse a dormir / y no saber si habrá otro día, /si llegarán nuevas manos, / si habrán bocas que pronuncien nuestros nombres / y sepamos que somos nosotros”, escribió en Los Dones del Insomnio.

Guardo cuatro libros autografiados por él, y el recuerdo de un amigo, un hermano, de un ángel que sin alas emprendió el vuelo. Muchos lo recuerdan como se recuerda un santo, mi hijo también así lo recuerda.


                          Jaime Ruíz, Ciprián Cabrera y su esposa

Este texto fue publicado en la revista nacional Tierra Adentro, número 176, perteneciente a los meses junio-julio 2012, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, como un homenaje al extinto poeta tabasqueño.

VER EN LÍNEA






[1] Coordinaban el taller “En busca del tiempo perdido”: Álvaro  Solís Castillo, Jaime Ruíz Ortíz, Daniel Peralta Guzmán y Benjamín González Sumohano.




miércoles, 28 de noviembre de 2012

El verdadero inventor del Cubo Rubik, Luis Alonso Fernández






Oriundo de Tenosique, Tabasco, además de Historias del principio, su obra literaria se encuentra desparramada en los libros colectivos 'Casa Llena', 'Érase una vez un cuento', 'Con Ojo de duende', 'A cuenta de cuentos', entre otros.

Por Jaime Ruíz


S
í, ya lo veo, es Luis Alonso Fernández Suárez, el científico y escritor. Lo reconozco bien. Viene llegando entre toda la gente con su caminar de duende, muy despacio, con su esposa del brazo y mochila al hombro, a presentar su más reciente libro de historias infantiles: Cuentos de la manada. Llega. Saluda a los amigos, intercambia comentarios, los abraza. Mira el reloj. Hace tiempo. La tarde tiene aún las uñas azules.



Como escritor, Luis ha publicado el libro Historias del principio, y como científico recibió un reconocimiento por la SCT, por haber quedado su propuesta entre los 25 mejores proyectos  ̶̶ entre 200 ̶  en el Concurso para la Realización de un Experimento en el Espacio, para la puesta en órbita del satélite Morelos II, a bordo del transbordador Columbia.

Luis Alonso sube trabajosamente los escalones, toma su puesto en la tarima, escanea a los presentes mostrando una sonrisa infantil, de bebé con barba.

Sí, ese es Luis Alonso, el que aparece en las fotografías casi amarillas poniendo en marcha el Reloj de Sol del Planetario Tabasco 2000, junto a Abraham Reynoso y Miguel Ángel Ruiz Magdónel, entre otros, a principios de los años ochentas, los mismos que poco tiempo antes habían fundado el Club de Ciencias “Arturo Rosenblueth”.


COCINA SOLAR: Miembros del Club de Ciencias
en sus inicios con su primera cocina solar,
M. C. Abraham Reynoso López,
Tec. Luis Alonso Fernández Suárez
e Ing. Julián Jerez Mazariego            

Sí, el mismo que se presentó una vez en Televisa en el programa matutino Hoy Mismo, conducido por el periodista Guillermo Ochoa, asegurando haber inventado el mecanismo para la consecución de El Cubo Rubik o “Cubo Mágico”. Ese rompecabezas mecánico de colores: Uno de los máximos íconos que marcó los años ochentas.

El mismo que, por esos años, junto a otros escritores fundaran la Sociedad de Escritores “Letras y Voces” de Tabasco, A.C.

(Dicen las malas lenguas que para las presentaciones de sus libros los escritores invitan a sus amigos más cercanos: “para que hablen bien de ellos” …pero los amigos de Luis son tantos que no cabrían en el pódium, así que el autor decidió no subir a todos, y para presentar los Cuentos había escogido a dos: Gamaliel Sánchez Salinas y Lorenzo Morales Mendoza, y como moderador, Aarón Rueda: el más catrín de los poetas).

El lugar, la FULTabasco, feria del libro 2010 organizada por la UJAT. Frente a los presentadores unas 110 editoriales de todo México ofrecen sus libros bajo un gran toldo blanco. Gente de todas las edades, platican, leen, comen y ríen y revisan libros, regatean.

“La lectura literaria no exige velocidad”, dijo aquella noche del 11 de noviembre Gamaliel Sánchez, “no se aprende a través de manuales contentivos… En sus trabajos literarios, Luis parece decirnos: Nada sustituye al contacto directo con la palabra del escritor”.

El maestro del SITET y director de la revista Magisterio, y también Director de Difusión y Extensión de ese mismo sindicato, reconoció que Luis Alonso es un hombre que combina “su pasión por la ciencia y su amor por la literatura”, y desde hace mucho tiempo, como pocos escritores, “ha fijado la pluma en un grupo de renuentes con calma: Los niños”.

Sabe nuestro autor, metido en la piel de sus personajes, que los niños padecen angustia, soledad y encuentran compañía y respuestas a sus inquietudes en ese universo forjado al margen de la cotidianeidad.

Para Gamaliel la publicación de los Cuentos de la manada marcan un hito en la historia editorial en Tabasco, pues inicia la colección literaria infantil Colores en el mar de la máxima casa de estudios, y con esto: como en el juego de la pirinola, todos ganan…

Al tomar su turno, el Premio Tabasco de Poesía José Carlos Becerra y ex alumno durante algunos años de Alonso Fernández en el taller literario de la Sociedad de Escritores, Lorenzo Morales; en su texto titulado “Una terca muletilla llamada Luis Alonso”, expone que tuvo “la oportunidad de conocer aquellos textos desde su origen”, revelando que eran escritos que el autor “guardaba celosamente”.

De acuerdo con el también ganador del premio Nacional de Poesía de los Juegos Florales de Papantla, Veracruz, “Escribir para niños es más difícil de lo que se cree”, pues “se requiere de características que no todos los escritores poseen”. 



SALIENDO DEL TALLER:  Luis Tatu Gámez,
Beatríz la gata Pereda, Daniel el Flaco Guzmán, 
Zoyla de Dios, Wilbert Albert, Luis Alonso Fernández,
Jaime el Jimy Ruiz, y Malasangre. 


Los Cuentos de la manada están escritos en un “engañoso estilo sencillo”, y están diseñados para poner en acción la imaginación del niño.

En ese libro –explica—, el autor se lanza en el mundo de la imaginación y de la aventura. Para Lorenzo Morales, Luis habla como niño, camina como niño y, piensa como niño...

Yo coincido con esto último:


Luis Alonso Fernández Suárez (Tenosique, Tabasco, 1952). Además de Historias del principio. Su obra literaria se encuentra desparramada en los libros colectivos “Casa Llena”, “Érase una vez un cuento”, “Con Ojo de duende”, “A cuenta de cuentos” y la “Nueva antología de poetas tabasqueños contemporáneos”.

Habían pasado en ese escenario el poeta Dionicio Morales y la actriz Susana Alexander, Hugo Hiriart, Ángeles Mastreta y el mismísimo Héctor Aguilar Camín. En la inauguración de esta fiesta del libro la rectora de la UJAT había externado que en esta lucha a favor de la lectura “no somos idealistas solitarios”, y además Aguilar Camín había pegado un recio jalón de orejas a los medios de comunicación, por hacer tanto énfasis en temas como la violencia o el crimen organizado, y por último llamó a celebrar en “el espíritu pelliceriano”.

Pero ese jueves por la noche Luis era el rey. La estrella encendida. Nadie le había preguntado a ninguno de los anteriores participantes tantas cosas como a este escritor y científico que lleva una camisa a cuadros; de frente redonda y bien moldeada, de mirada interrogativa, que observa por encima de sus lentes. Poseedor de un leve aire a don Alfonso Reyes. De intelectual.


Para mí, los Cuentos de la manada es un libro que se lee de una sola sentada. Tam tam, suenan en él los tambores, esas grandes bocas que alegran o entristecen las gargantas de los corazones, cuando los hombres encienden la carne de los árboles y se reúnen alrededor de su fuego; los mismos hombres que recogen los corazones de piedra que dejan los rayos al caer. En los Cuentos, como en El Zoo-humano, de Desmond Morris y Animal farm, de Orwell, los hombres se parecen a los animales en muchas cosas.

De acuerdo a esto, lee el autor en la presentación:

Cuando un lobo tiene hambre es cuando mejor aprende, pues de eso depende que pueda comer. Un lobo nunca deja una pregunta sin formular cuando ésta ha sido pensada. Sólo los tontos no preguntan. 

Y continúa:

La voz de la madre arrullaba a sus cachorros. De color negro, cada uno tenía una marca que los diferenciaba. El mayor tenía una estrella en la frente, el siguiente un collar alrededor del cuello, el tercero botines en las patas, el otro una capa en el lomo, el quinto una medalla en el pecho y el sexto una mota en la punta de la cola. Madre loba les llamó Estrella, Collar, Botitas, Capita, Medalla y Colita…

Al término de la lectura su esposa Delfina Villegas, con micrófono en mano lo felicita, y de buena forma explica que hasta cierto punto ella ha contribuido “soportando tantos libros en la mesa”.

Doña Delfina con manos temblorosas y voz de equilibrista a punto del abismo. Encorvada y fuerte a la vez, con su vestido de flores, habla de Luis Alonso tal como una madre hablaría de su hijo con buenas notas en la escuela: “Tan buen esposo… Tan buen escritor”. Lo que puso en aprietos los ojos de Luis Alonso, que sus zonas blancas se tornaron color malteada de fresa. Después… una avalancha de aplausos.

Luis Alonso sale del lugar, a paso lento como de costumbre, con su mochila inflada de gloria, perdiéndose entre los oscuros pasillos de la DACEA, a paso lento: “como perdonando el tiempo”.


PDF Cuentos de la Manada (UJAT, 2010)

Puedes dejar tu comentario en: cae_altazor@hotmail.com

MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE PERSONAJE, CONSULTE:

La natural manía de contar: notas sobre la cuentística
de Luis Alonso Fernández Suárez
MANSALVA, blog del escritor Francisco Payró

Los Cuentos de la manada: Un terca muletilla llamada Luis Alonso
LETRA DURA, blog de Lorenzo Morales Malasangre

EL JUGUETE MÁS VENDIDO DEL MUNDO
Hasta enero de 2009 se han vendido 350 millones de cubos en todo el mundo, haciéndolo el juego de rompecabezas más vendido del planeta... Considerado como el juguete más vendido del mundo, según Wikipedia.

martes, 23 de octubre de 2012

Francisco Armengol Hernández



Un 23 de octubre nació en el municipio de Teapa, Tabasco, mi suegro el Licenciado Francisco Armengol Hernández (1932 - 2001). Amigo del poeta Agenor González Valencia, del escritor Ramón Mendoza, así como de Rafael Concha Linares, Miguel Ángel Gómez Ventura y Mario Brown Peralta, entre muchos otros.

Campeón Nacional de Oratoria, compitiendo con Porfirio Muñóz Ledo y Orador oficial (a los 18 años) del ex gobernador del estado de Tabasco, Francisco J. Santamaría.

Armengol Hernández fue maestro del Instituto Juárez y director de la Escuela Secundaria “Ing. Rafael Concha Linares” y del Instituto Comercial Bancario, en Villahermosa; fue dos veces Secretario General de la UJAT y en dos ocasiones Secretario del Ayuntamiento de Centro. De igual forma fungió como Presidente del IFE en Teapa y participó como asesor del gobierno de Salvador Neme Castillo.

De acuerdo al periodista Víctor Manuel Bautista López, Francisco Armengol Hernández pertenece a esa estirpe de “buenos oradores como Carlos Madrazo, Antonio Ocampo Ramírez, Víctor Manuel López Cruz y otros que ya se fueron, pero demostraron su temple de buenos oradores…”

Francisco Armengol obtuvo el primer título de Licenciado en Derecho en la historia de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), de acuerdo a fuentes familiares.


viernes, 19 de octubre de 2012

Tierra Adentro y Ciprián Cabrera


Opinión

                                                                      
                                                                  (Fotos: Google)

Por Kristian Antonio Cerino
Tabasco


La revista mexicana Tierra Adentro (del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) publicó en su número 176 -junio-julio 2012- un especial del escritor Carlos Fuentes, a propósito de su muerte.

Sin embargo, 7 páginas del impreso están dedicadas a Ciprián Cabrera Jasso, el poeta tabasqueño dejó de vivir -por voluntad propia- el pasado 11 de marzo.

La vida y obra de Cabrera Jasso es resumida por 2 poetas tabasqueños: Francisco Magaña y Jaime Ruiz. El primero publicó en Tierra Adentro: Así de simple son las cosas, sientes que una voz te llama desde lejos, es la noche donde siempre amanece. Y el segundo escribió una crónica titulada: Ya vino Santa Clós.

Francisco Magaña recuerda, en el texto, cómo conoció al poeta y cómo coincidieron en el gusto por la poesía. Jaime Ruiz reseña la ocasión en que su hijo Axel lo confundió con Santa Clós, y el día en que -invitado por él- les impartió un taller a poetas jóvenes y descubrieron su gusto por las galletas cremas de nieve, sabor vainilla.

La realización del dossier en la revista del Conaculta, a cargo de Balam Rodrigo y Héctor de Paz, es un homenaje a Ciprián Cabrera Jasso (1950-2012), un hombre dedicado a las letras, a la poesía, que ocupó un asiento en la Academia Mexicana de la Lengua.


Pano Cabrera
Relato


Kristian Antonio Cerino
Villahermosa, Tabaaco

En la adolescencia miré a un hombre a quien llamaron “poeta”. Era de pelo cano y llevaba un sombrero que después se lo pondría para parecer más poeta. Pregunté ¿quién es? Y alguien a botepronto me dijo: ¿no lo conoces? Moví la cabeza negando conocerle y fue ahí que escuché por primera vez su nombre: Pano.

Aquella persona que me enseñó que el poeta era Pano, después agregó que Pano sólo era para los amigos. Que yo podría decirle o llamarlo por Ciprián Cabrera Jasso.

Con el tiempo supe que había nacido en el municipio de Emiliano Zapata, antes Montecristo, y que era uno de los hederos de la poesía tabasqueña.

No diré que lo frecuenté muchas veces y que éramos grandes amigos como dirán ahora cientos de periodistas –porque ya no está Pano para aclararlo- pero sí precisaré que lo entrevisté en varias facetas de su vida, como consejero electoral y como poeta de una tierra que siempre amó hasta el extremo: Tabasco.

Tampoco diré que leí toda su obra -como dirán muchos hipócritas- pero sí podría decir que leí La Ventisca (1990) y que con este poemario él me dedicó una hora para hablar sobre la poesía, primero en un café de Villahermosa y después en su casa. Aquí recibió a muchos.

Cuando fue consejero electoral, Pano cayó en depresión. Recuerdo que durante varias semanas estuvo ausente de los escenarios. Una vez le quise preguntar por su estado de salud y me pidió que “esto” lo habláramos en otro momento. Entendí y comprendí su depresión.  Se le veía triste, sin ganas de vivir.

En aquella ocasión trascendió su interés por ya no querer vivir. Lo intentó.  Y fracasó.

Sin embargo, el autor de Diez poemas para encontrar un poco de luz (1991) logró recuperarse (hoy sé que no del todo) y no sólo compró más sombreros sino que se dejó crecer el cabello y la barba y caminaba por las calles de Villahermosa conversando, cantando su poesía. Ganó el premio nacional de poesía Carlos Pellicer por obra publicada e impulsó  un par de obras más para ser leídas en otros idiomas.

—¿Cómo está? —le pregunté en el 2011.
—Estoy mejor que nunca ­—me dijo así sin pensarlo.

Le creí porque hablaba de nuevos proyectos, de su último viaje en el extranjero, de vivir abrazado a la poesía y de querer vivir, vivir y vivir.



—Para cuándo la entrevista —insistí
—Allá te espero en la casa —. Ya no regresé.  Pensaba hacerlo en este 2012, pero ya no será posible. Iría con el fin de saber qué haría con su recién nombramiento en la Academia Mexicana de la Lengua y escribirle, de paso, o una crónica o un perfil como aquellos que hace el periodista peruano Julio Villanueva Chang.

Aún recuerdo sus palabras que me dijo en un café: a usted le leen. No deje de escribir.


cerino54@hotmail.com
www.libretademar.blogspot.com
@KristianCerino


Publicado en el blog Libreta de Mar de Kristian Antonio Cerino





lunes, 1 de octubre de 2012

Molino de Acentos y los nuevos vientos Paideyanos


Septiembre 29 de 2012

Jóvenes tabasqueños escriben, editan y publican sus propios libros

Ø  A través de su propia editorial ‘Molino de Acentos’, dan a conocer títulos de poesía, cuento, crónica, fotografía y ensayo, con precios al alcance de todos.


Por Jaime Ruiz Ortiz
Villahermosa, Tabasco

Ciento veinte libros vendió el Grupo Cultural Paideia a través de su más reciente editorial Molino de Acentos, durante una velada literaria realizada este viernes 28 de septiembre en las instalaciones de la Librería Universitaria UJAT, en donde se presentaron cinco de sus nuevas publicaciones.

Un nutrido y atento público conformado principalmente por jóvenes, maestros, pintores y literatos, se dieron cita aquella tarde para conocer los libros: ‘La justicia la hacen los vivos’, de Daniel Peralta Guzmán; ‘Toda ciudad es una isla’, de Lorenzo Morales Malasangre; ‘La J. Lo’, de Luis Gámez; ‘París es una ciudad para gatos’, de Luis Acopa y ‘Mi-ni-ma-dres’ (Textículos biográficos selectos), de Francisco Morales Hoil.


 Esta editorial, que lleva el nombre de un verso alterado del poema Altazor, de Vicente Huidobro, Molino de Acentos tiene la consigna de publicar a escritores jóvenes o marginados que están más abocados a la literatura popular. La editorial se propone seleccionar y editar títulos del ámbito de la poesía, crónica, cuento, fotografía y ensayo. Y lo más importante es que estos pequeños libros estarán al alcance de todos, pues cuestan menos que un kilo de tortillas y lo mismo que una Coca-Cola de tamaño individual.

Bajo el lema: No es solamente el divulgar la idea del ser humano, sino divulgar al ser humano como idea. En palabras de su director, Daniel Peralta, el Grupo Paideia ha sido promotor de la literatura y el arte durante cuatro años consecutivos, a través de un periódico impreso y digital. Apuntó que durante este tiempo, han ofrecido un espacio a editores, escritores, pintores, caricaturistas, fotógrafos y diseñadores de diversas ciudades del sureste mexicano. Paideia ha generado con esto un intercambio cultural muy satisfactorio entre los jóvenes.


“Como empresa del medio editorial argumenta el administrador del Grupo, Lorenzo Morales ampliamos nuestros horizontes hacia la edición de libros en formatos impresos innovadores, electrónicos, en audio, entre otras actividades”.




Los libros de estos jóvenes tabasqueños, usted puede adquirirlos en la Librería Universitaria UJAT, el Café Galería ‘El Refugio de la Luna’, la Librería de la Casa de los Azulejos (EDUCAL) y en la Librería Ciprián Cabrera Jasso, ubicada en el Palacio de Gobierno. Para saber más información sobre este movimiento literario y cultural, consultar a http://www.grupoculturalpaideia.blogspot.mx y al Facebook: Grupo Paideia.

Cabe mencionar que esta colección se realizó gracias al apoyo de la Asociación Juntos Abriendo Caminos A.C. y a la Diputada Federal de la LXII Legislatura del Congreso de la Unión, Nelly Vargas.








Publicado también en RING: Semanario Deportivo de Poesía

Y en el blog del Grupo Cultural Paideia

jueves, 20 de septiembre de 2012

Pequeño Bastardo, el auto maldito de James Dean


Por el artista gráfico: Armando Gómez Romero.
(Técnica Mixta)

Pequeño Bastardo,
el auto maldito de James Dean


Por Jaime Ruiz Ortiz


UNO

Cuando Stephen King escribió su célebre libro sobre el auto asesino, Cristine, que luego se convertiría en una exitosa película, pudo haberse inspirado en el auto maldito de James Dean.

El Pequeño Bastardo era el apodo con el que James Dean bautizó a su Porsche 550 Spyder, el día que se lo entregaron. Su amigo, el actor Alec Guinness, al conocer aquel demonio, le lanzó una advertencia: “Ese coche tiene algo de siniestro”, le dijo días antes del fatal accidente. Pero Dean pasó por alto aquel aviso.


Dean estrenando su más reciente adquisición (Fotos: Google)

“Si te metes en ese coche, te encontrarán muerto la semana que viene”
Alec Guinness
Actor que años más tarde daría vida a Obi Wan Kenobi, en la saga Star Wars



Corría el año de 1955, y en esos días, el protagonista de Al este del Edén y del que sería todo un éxito taquillero Rebelde sin causa; acababa de filmar su última cinta: Gigante, y para celebrar el fin de ese rodaje, el aventurero y eterno rebelde actor se marcharía para acudir a una carrera cerca de San Francisco.
  
La noche anterior dejó su gato en manos de Elizabeth Taylor, “por si algo malo me ocurre” —le expresó a su amiga actriz de ojos violeta.

Antes de ir a la carrera había llevado su automóvil a los talleres Competition Motors para poner la máquina a punto. Acompañado de su mecánico y amigo, Rolf Wutherich, un alemán enviado por Porsche para apoyar a los nuevos propietarios estadounidenses, decidió hacer unos kilómetros con el coche… Se le olvidó encender las luces.





Plateaba la tarde del 30 de septiembre de 1955. James Dean conducía en la autopista de Salinas, en Paso Robles, California, y entre las rutas 41 y 46, la muerte se le atravesó en su camino a las seis menos diez de la tarde, vestida de un Ford Custom Tudor, conducido a gran velocidad por el joven estudiante Donald Turnupseed.


         “Ese chico tiene que parar…                                                                                                               Él nos verá”
Fueron las últimas palabras de Dean

Colisionaron frontal y lateralmente. Dean intentó esquivarlo, pero el actor murió casi de inmediato al romperse el cuello.

Por irónico que parezca: un anuncio publicitario que advertía sobre los peligros de la velocidad fue su último trabajo. Sin poder llegar a ver sus últimas dos películas, Dean había esculpido en las páginas de la eternidad, su epitafio: Vive rápido, muere joven, y deja un cadáver hermoso.

—No vi venir a Dean por el carril opuesto —declararía más tarde el conductor del Ford.

El resplandor de aquella tarde y el color plateado del Bastardo habían cobrado su primera víctima documentada.



DOS

Dicen que el Bastardo tenía una maldición que comenzó el mismo día en que Dean murió y se remolcó el Porsche en un camión: el chofer murió aplastado por el mismo auto durante su traslado.

Después, un especialista en la preparación de autos para Hollywood compró el automóvil (o lo que quedaba de él) en 2 mil 500 dólares. Cuando llega a su taller cae y le rompe las dos piernas a uno de sus mecánicos.

Se dice que George Barris, su nuevo dueño, se lo presta a la Patrulla de Carretera de California, para que lo exhiba como muestra de lo que la imprudencia puede hacer. La noche anterior a que lo trasladen, el garage de Barris se incendia, quedando quemados y destruidos todos los autos, menos The Little Bastard.

Parecido a la película Cristine (que: cuenta la historia de un automóvil aparentemente poseído por fuerzas sobrenaturales, novela publicada en 1983 y llevada al cine en ese mismo año) escrita por King, en donde su dueño lo transformó en un cubo de hierro en una máquina para hacer chatarras. Barris, asustado, incrédulo, intentó por todos los medios deshacerse de aquel demonio, y decide venderlo por piezas entre los aficionados a las carreras.

Ya dividido aquel demonio en partes: El comprador del motor del Little Bastard muere en un accidente en la misma carrera en la que debutaba.

Días más tarde se accidenta violentamente William Eschrid, que había adquirido la transmisión, quedando en estado de coma.


Comienza a circular un extraño rumor que culpa a la ex novia de Dean, Maila Nurmi, conocida como “Vampira”, y que fue abandonada por el actor cuando este alcanzó la fama, de ser la causante del accidente a través de ritos de magia negra. El propio Dean años atrás reconocía en una entrevista la atracción que esa chica tenía por las fuerzas de la oscuridad, y el dinero con el que se compró “Little Bastard”, iba a ser para comprar la casa de ambos.



El volante del Porsche de Dean se lo quedó Barris. Un joven pierde un brazo al intentar robárselo.

Los neumáticos de aquel Bastardo fueron vendidos a otro joven, que a bordo del infierno sobre ruedas en que se había convertido su auto, se accidenta cuando se le revientan las dos ruedas (explotaron al mismo tiempo, se dice). El accidente ocurrió debido a un desperfecto en las gomas de los neumáticos explicaron más tarde especialistas.

Por último, todo termina en 1958, cuando Barris prestó la carrocería que fue trasladada para otra exposición en Miami, pero el camión que lo transportaba desapareció. Jamás se supo del paradero del Maldito Bastardo de James Dean. Tampoco el paradero de quienes pudieron haber sido sus futuros dueños, de quienes nadie conoció su muerte...



CONOZCA MÁS del tema en:





Video ‘Objetos Malditos’: